La crispación de la pareja y la violencia doméstica. De la simple disputa a la guerra y la separación

El pasado jueves 23 de octubre estuve en una mesa redonda sobre Violencia de Género, organizada por La Asociación Psicoanalítica de Madrid
(dentro de la Asociación Psicoanalítica Internacional), la organización psicoanalítica que acredita y regula el ejercicio del psicoanálisis en todo el mundo, dentro de un ciclo más amplio bajo el título de El Diván a la calle y coordinada por Ricardo Puchades, presidente de la Asociación en Valencia.
He de decir que me sorprendió gratamente la mesa por lo equilibrado y complementario de las tres intervenciones que se hicieron a partir de tres ángulos distintos del problema:
a) La Ley (Elena Martínez)
b) Bienestar Social (Elena Soler)
c) La ciencia psicoanalítica (Pepa Llinares)
Los tres puntos de vista se complementaron, pues E. Martínez explicó los problemas que plantea la Ley Integral contra la Violencia de Género, que sólo en un 30 % es de carácter preventivo. Lo más polémico de la Ley, según esta ponente, es que ha sido criticada por anticonstitucional, pues castiga a los varones con penas mayores que a las mujeres por el mismo delito. Se trata de la acción positiva, que parte de la base de que vivimos en una sociedad patriarcal en la que el varón utiliza su poder social para someter a la mujer, especialmente en el ámbito de lo privado, que hasta ahora era un territorio donde la sociedad no se inmiscuía.
Lo fundamental es actuar en el ámbito de la sensibilización y educación, por lo que no se entiende este rechazo a la asignatura de Educación a la Ciudadanía, uno de cuyos objetivos es la igualdad real entre hombres y mujeres.
En cada caso de violencia de género las comunidades autónomas, a través de los jueces, ponen o deberían poner a la mujer maltratada en manos de un psiquiatra forense, un psicólogo y un trabajador social, aunque también es importante que el maltratador sea rehabilitado. Según informó esta abogada en Alicante consiguen rehabilitar a los varones maltratadores con una charla de dos horas de duración ¿no parece esto milagroso?
Lo grave de estas situaciones de maltrato es la fuerte dependencia emocional que una a la víctima con su maltratador. Es una especie de “cordón umbilical” difícil de romper. Este cordón es el causante de que en muchos casos de denuncia, ellas se retracten al cabo de un tiempo, por lo que el alejamiento es fundamental. Las infracciones al principio de igualdad no deberían ser toleradas por nadie en nuestra sociedad.
La segunda ponente, la psicóloga Elena Soler, señaló la importancia de la empatía. Es necesario ponerse en el lugar de la víctima para saber qué le está sucediendo, pues los mitos culturales niegan la violencia o la minimizan. Generalmente, ella no cuenta nada a nadie, aunque esté mal. Por eso ella y su equipo del Centro 24 horas de la Consellería de Justicia, entrevistan concienzudamente a las víctimas para valorar el riesgo en cada caso y averiguar si la mujer quiere acabar esa relación. Si es así le informan de sus derechos, le proporcionan un abogado de oficio y custodia, en su caso. Es importante conocer su estado emocional. Hay dos tipos de rupturas: las bruscas y las elaboradas. Lo crucial en la primera fase consiste en recuperar la autoestima que la víctima ha perdido en el proceso de maltrato, que puede durar varios años. Para ello se forman grupos de cuatro o siete personas con las psicólogas y asistentes sociales para validar las experiencias en común y reconstruir la identidad de cada mujer. Eso no quita para que el trabajo individual con cada mujer siga paralelamente a las sesiones de grupo.
Finalmente, Pepa Llinares, médico psiquiatra y psicoanalista experimentada, distinguió entre violencia doméstica y no doméstica, pues la Ley Integral sólo trata de la primera, cuando hay muchos casos de la segunda, como la trata de blancas.
Llinares señaló que en una época de relativismo cultural parece como si en ciertos ámbitos la violencia doméstica fuera permisible. Alertó contra el hecho de que la pasión amorosa o la posición tradicionalmente masoquista de la mujer pudieran ser la causa. Subrayó que la violencia no es un destino fatal, sino que hay que defenderse de ella para curarse.
Se funda en una relación asimétrica en la que el otro es negado primero y destruido después. A diferencia de la relación sadomasoquista, en la que todo está pactado de antemano, en la relación de maltrato no hay límites, a no ser el crimen y el suicidio. Por ejemplo, el sentimiento de identidad no se altera en la relación sadomasoquista, pero sí en o a partir del maltrato. Este último se caracteriza por:
a) Realidad deformada
b) Despersonalización de la víctima
c) Alteración de la realidad
Otro mito que deconstryó es el de que la pasividad y la actividad sean cuestión de género. No, no son cuestión de género, sino, por lo contrario, una construcción subjetiva.
¿Qué ocurre en las parejas donde hay maltrato? Que la mujer se considera una posesión del varón. El es la ley y él es el dueño. Mientras ella acepta sus reglas, la violencia está dormida. Es cuando ella es “otra” cuando ésta aparece. La alteridad se considera una falta. La mujer en situación de violencia se siente como una cáscara vacía.
La violencia pasa por tres fases:
a) Tensión
b) Agresión
c) Arrepentimiento
¿Cómo se fundamenta esta violencia?
En primer lugar por la persuasión cohercitiva. Lo que se ha venido en llamar “el lavado de cerebro”. La mujer, persuadida, se encuentra cautiva y aislada de otras relaciones. Se queda sin referentes. Pierde el apetito e incluso el sueño. Padece estrés y ansiedad, se vuelve cada vez más vulnerable tras las acusaciones y descalificaciones continuas.
La imprevisibilidad de los ataques violentos produce un estado caótico en la relación y genera vulnerabilidad en la mujer, que teme estos arranques a la menor ocasión.
Por otro lado, la celotipia, pasión de celos, es una pesadilla malsana para el que la sufre (víctima), y para el que la vive (protagonista). Esta aparece cada vez que entra en escena un tercero, por ejemplo un hijo o un amigo. La celopatía, enfermedad de celos, tiene su origen en la misma personalidad del celoso; algo hay en esa personalidad que no funciona bien. La mujer-víctima queda paralizada por el terror cada vez que hace aparición esta pasión incontrolada. Este terror produce en ella confusión mental y distorsión de sus creencias, ya que no puede reconocer sus propias percepciones de la realidad.
¿Qué causa esta situación de maltrato?
En primer lugar, la infancia. Puede haber habido abusos sexuales que encuentren un cauce en el maltrato, cuando el dolor se inviste libidinalmente. El desvalimiento infantil encuentra su paralelo en el desvalimiento de la víctima. De no elaborarse este dolor pueden generarse comportamientos autodestructivos en la víctima, que mantiene así su equilibrio psíquico. El niño queda así fijado al trauma original. Se trata según Llinares de una patología de perversión narcisista del maltratador. En él se produce una escisión. Por un lado, es una persona amable en el ámbito social, en que cosecha numerosos éxitos. Por otro, es una persona agresiva en el ámbito privado, pues vierte todo lo negativo de sí mismo en el otro.
¿Qué mujer es propensa a colocarse en la posición de víctima?
a) La neurótica
b) Las perversas sexuales
c) Las de estructura psíquica peculiar.
Llorens se extiende al hablar de este tercer grupo. Las de estructura psíquica peculiar, por ejemplo, las que tienen una pobre imagen de sí mismas. Estas desplazan en el perverso narcisista una idealización; lo consideran un “maestro” que les va a enseñar. Probablemente en la infancia han sufrido maltrato e interiorizan la culpa de la infancia. En la relación con el maltratador, la víctima busca identidad. Ser alguien para esa persona. Esta relación paradójica no se rompe si no hay un tercero que entra en juego.
Otro elemento interesante de estas mujeres víctimas de maltrato es el ideal reparador que las hacen querer salvar al varón. Estas son las más difíciles de curar porque renunciar a esa omnipotencia cuesta mucho.
Por su lado, el maltratador manifiesta es su estructura psíquica un conflicto con el padre que se agudiza cuando tiene un hijo y él se ve desplazado a esa posición paterna.

Lamentablemente no me pude quedar al debate, que seguramente sería interesante. Como dije al principio esta es la tercera mesa redonda. Las otras dos fueron sobre la adopción y la inmigración. La última será sobre los nuevbos modelos de familia. Un tema muy actual, que es necesario afrontar también desde una triple perspectiva para poder arrojar más luz sobre el malestar de la cultura hoy.


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