En esta página se alojan ponencias, artículos, comunicaciones, etc.. relacionadas con la didáctica de la lengua inglesa.
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No nací para profesora, pues lo mío era la gimnasia, el deporte y las actividades artísticas, pero tuve una madre tan pesada que logró hacer de mí lo que ella quería: una profesora.
Primero me envió a Francia a pasar dos veranos, mientras estudiaba el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora de Loreto de Valencia, una orden religiosa francesa, que educaba a niñas bien y las preparaba para la vida futura, o lo que los adultos de mi entorno de entonces pensaban que sería mi vida de adulta.
De estas tempranas experiencias hablando una lengua extranjera, me vino el gusto por las lenguas y por los viajes. Al llegar a la Facultad de Filosofía y Letras, recién inaugurada en el Paseo Blasco Ibañez, y tener que elegir la trayectoria, me decanté por la Lengua Inglesa, que era la lengua “de moda” entonces, dado el auge que estaba teniendo la música inglesa entre los jóvenes. Moda que, por causas diversas, no sólo no ha pasado, sino que está más vigente que nunca.
En la Facultad me hice “moderna”, llevaba maxifalda, fumaba como una descosida y me apunté a Bandera Roja, una organización comunista-mahoista, donde conocí a gente muy interesante, como Dolores Sánchez, Maite Larrauri o Felipe Zayas, que luego se convertiría en mi compañero y con el que tuve un hijo.
Nada más cumplir los 21 años, o sea al alcanzar la mayoría de edad, me fui de casa, es decir, me independicé, y me instalé en un piso con cinco personas más. Formamos una comuna “económica”. Teníamos un fondo y hacíamos vida en común, aunque cada uno tenía su pareja. Yo pronto me casaría con la mía, ya que lo de convivir con tanta gente me parecía muy complicado. Siempre he sido algo peculiar.
Durante los veranos me iba a Inglaterra, a perfeccionar mi inglés, y durante el invierno trabajaba de intérprete en las Ferias de Muestras o dando clases. Me ganaba bien la vida desde muy joven.
Mi primer trabajo fijo fue en el Colegio de Guadalaviar. Acababan de echar a una profesora por trabajar con el Ulises de Joyce. Tras una entrevista con la directora, me contrató enseguida. Yo tenía un aspecto angelical, en aquel entonces.
Como iba en moto y llevaba pantalón, me tenía que cambiar en el baño antes de empezar la primera clase, ya que era un colegio del Opus Dei, muy estricto. Tras un curso allí, me despidieron sin causa justificada, por lo que demandé a la empresa mediante un abogado de CCOO, que consiguió una indemnización de 40.000 ptas. Con ellas me compré mi primer aparato de música.
Ese invierno, debido a las presiones familiares, me casé con mi pareja y nos fuimos a un piso detrás del Hospital La Fé. Luego nos dejaron un apartamento en El Perelló, y después un entresuelo de unos familiares en la Calle Cadirers, de Valencia. Finalmente, acabamos alquilados en Blasco Ibañez.
Fue en ese piso de paredes de papel donde escuché por primera vez que Franco había muerto. Entonces trabajaba en la Facultad de Filosofía y Letras, en el Departamento de inglés, y recuerdo llegar al Bar y querer celebrar el acontecimiento con champagne ante el asombro del resto de los PNN y catedráticos que desayunaban y cuchicheaban el voces apagadas.
Otro día seguiré.
Estoy rodeada de papeles y carpetas. Intento recordar cómo fueron los setenta en Valencia. Cómo fue mi vida a caballo entre U.K. y Valencia. ¿Dónde estaba después de que Francomuriese? ¿En el piso que compartíamos mi novio y yo? ¿O tal vez, ya casada, en otro piso cerca del Hospital La Fe, de Valencia? De aquel piso recuerdo mi formación en materialismo histórico a través del manual de Marta Harnecker.
Después de aquella época se puede decir que abandoné la política para centrarme en mi profesión: profesora de inglés. A ella le dedicaría todo mi entusiasmo, mis vacaciones, mi tiempo. Para ello lo primero que hice fue solicitar un lectorado en Stratford-upon-Avon (U.K.). Tras asistir de secretaria de M.A.Conejero, jefe del Dto. de Filología Inglesa, a una International Shakespeare Conference a finales de los setenta me quedé allí un curso completo dando clases de inglés en la King Edward Grammar School y en el Technical College.
Durante ese curso, que para mi fue la primer gran experiencia de libertad, leí muchísimo, vi muchísimo teatro (Royal Shakespeare Company) y viajé un poco por Cornualles y el Distrito de los Lagos.